Antes de que existieran 16 puntos de venta y una planta de 3 mil metros cuadrados, todo empezó en una cocina familiar, con decisiones tomadas alrededor de la mesa. Conversamos con Juan Peláez y Simón Peláez sobre la historia de La Miguería, una empresa que creció a partir de una forma compartida de decidir: escuchar, confiar y comprometerse juntos
La historia de La Miguería no comenzó en un local ni en una planta de producción. Comenzó en una casa, entre recetas, cuentas por pagar y conversaciones cotidianas. En 2005, Juan Peláez y Gloria Valderrama empezaron a construir un proyecto propio sin separar del todo el trabajo de la vida familiar. Más que una empresa en formación, había una familia aprendiendo a decidir junta y a confiar en esa manera compartida de construir.
Los primeros pasos ocurrieron en la cocina de su casa, donde preparaban productos de panadería para vender. Años después, en 2008, ese impulso encontró su primer lugar en el barrio Suramericana de Medellín, bajo el nombre Tradiciones Repostería. Allí también estuvieron sus hijos: Simón, Camila, Alejandro y Felipe. Atendían clientes, empacaban pedidos, hacían domicilios y aprendían que trabajar juntos también era una forma de conocerse.
No había un manual para hacerlo. Los guiaba una práctica sencilla exigente: conversar. Hablar antes de decidir, escuchar antes de avanzar, esperar a que todos estuvieran de acuerdo. Así, lo que al comienzo parecía solo una dinámica familiar tomó la forma de una cultura. La confianza no era una idea abstracta, sino algo que se ejercía en lo cotidiano: cumplir con lo que a cada quien le correspondía y saber que los demás harían lo mismo. Así, una dinámica familiar fue tomando la forma de una manera de trabajar y de crecer juntos.
El camino no fue lineal. Llegaron mudanzas, aprendizajes y decisiones tomadas sin tener todas las certezas. También llegó el crecimiento: nuevos locales, una planta propia, más personas en el equipo. Pero incluso cuando la empresa cambió de escala, hubo algo que se mantuvo: las decisiones importantes no se tomaban sin acuerdo. Si había consenso, seguían. Si no, esperaban. Con el tiempo, esa forma de actuar se volvió una manera de sostenerse.
La prueba más difícil apareció en 2020, cuando la pandemia obligó a cerrar los locales. En ese momento, la familia tomó una decisión que puso a prueba todo lo que había construido: mantener a las 300 personas que trabajaban con ellos. No fue fácil, pero sí coherente con su historia. En tiempos de incertidumbre, la confianza dejó de ser un discurso y se convirtió en una herramienta para cuidar.
La Miguería ya emplea directamente a más de 500 personas. Sin embargo, más allá de las cifras, lo que permanece es la forma en que esta familia habita su proyecto. Camila lidera la marca y el mercadeo; Alejandro, la planta; Felipe aporta desde las finanzas; Simón articula los canales de venta; y Juan y Gloria siguen acompañando el rumbo.
Desde aquel apartamento donde todo comenzó hasta su planta en Villa Carlota, La Miguería ha crecido sin perder de vista lo esencial: generar empleo digno, cuidar a otros y sostener, en medio del trabajo, una forma de hacer empresa en familia donde la confianza no solo une, sino que orienta decisiones, cuida a otros y construye futuro.
Hacer empresa en familia
¿Qué papel juega la confianza cuando en tu familia tienen que tomar decisiones difíciles?
Suscríbete a nuestro boletín y mantente actualizado.
La Revista Comfama es un medio de comunicación educativo, de circulación gratuita, que tiene como objetivo generar conversaciones sanas y constructivas que transmitan valores positivos a través del poder del ejemplo y las historias.



